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Hitman – Episodio 3: Marrakech

Cuando 47 se empezaba a acostumbrar al clima mediterráneo de Sapienza, a su dieta y a sus paisajes llenos de encanto, un nuevo encargo le llega para este mes de junio que le obliga a ponerse de nuevo manos a la obra. En las dos primeras misiones de esta nueva entrega nuestro calvo preferido se ha paseado por dos países de Europa, pero ahora le toca cambiar de aires y viajar al continente africano, concretamente a Marruecos, y de forma más específica todavía a Marrakech.

Hitman se va de viaje a Marrakech

Marrakech es una ciudad con mucho encanto, pero 47 nunca hace viajes de placer, a menos que asesinar se lo produzca, claro. Como siempre, nuestro agente del código de barras en la nuca viaja a la ciudad roja para dar matarile a dos objetivos asignados por la agencia y uno de sus clientes. Para colmo, la situación que rodea a estos dos objetivos es bastante delicada, por lo que nuestro asesino tendrá que lidiar con una muchedumbre enfurecida para poder llegar a uno de sus objetivos.

Los dos infelices que han de morir son dos elementos de mucho cuidado. Por un lado tenemos a un banquero llamado Claus Hugo Standberg, y por el otro a un general de nombre Reza Zaydan. Y sí, sabemos que con la situación que vivimos hoy día en España es difícil no hacerlo, pero, no os cebéis demasiado con el banquero ejecutándolo de todas las formas posibles.

¿Qué tienen en común estos dos objetivos? A priori poco, uno a hecho de las suyas desde su posición de banquero “jugando” con el dinero de la gente, mientras que el otro quiere que la situación en Marrakech sea insostenible para poder tomar el control. Para eso necesita utilizar al banquero, que se ha pasado un tiempo en la sombra, por lo que le protege en el edificio de la embajada de Suecia, su país de origen (que no de Suiza, aunque hubiese sido más propio) para provocar a las masas. Claro, llamadlos histéricos o exagerados, pero la gente está cabreada y, pancartas en mano, van indignados a la embajada pidiendo justicia que, desde luego, nosotros no se la ofreceremos. Lo que si podemos, y de hecho vamos a hacer, es eliminarle. Pero no lo haremos por justicia, lo haremos porque es nuestra misión. Simple trabajo.

No nos olvidamos, claro está, de nuestro otro objetivo, que se encuentra protegido por no pocos militares en un colegio desolado. Como siempre, tenemos múltiples formas de acercarnos y asesinar a nuestros objetivos, formas que podemos consultar desde el menú de oportunidades (que en PS4 abrimos con el panel táctil del DualShock 4). Y cuidado, porque en esta misión las cosas se complican. En la misión de París destacamos que era fácil acercarse a los objetivos, aunque no tanto pasar desapercibido a la hora de eliminarlos por el jaleo de gente, mientras que en Sapienza comentamos que era más complicado acceder a los objetivos por estar protegidos en una mansión a la que cualquiera no puede acceder, pero al ser una zona más tranquila era más fácil cargárnoslos silenciosamente. En Marrakech, para ponernos las cosas difíciles, contamos con ambos factores, un escenario con mucha gente como el de París y con objetivos protegidos en un recinto (dos en este caso) como el de Sapienza.

Un área bulliciosa

La zona que visitamos de Marrakech ya es de por si bulliciosa, con un mercado plagado de vendedores, gente del lugar y turistas. A eso añadidle una manifestación frente al edificio al que debemos adentrarnos, que, a su vez, está plagado de soldados. La otra zona, la del colegio donde se encuentra el general Reza, es mucho más tranquila, aunque también está fuertemente protegida por militares. Si para entrar en la mansión de Sapienza teníamos varios métodos y disfraces, para entrar al colegio lo poco con lo que podemos contar es con el traje de los militares. Y encima no vale de cualquier militar, pues los que vigilan las calles no tienen acceso a esa zona, tienen que ser los que hacen guardia en la entrada a la zona restringida, y, claro, no hacen guardia solos, por lo que conseguir uno sin dar la alarma es complicadete (benditas monedas y soldados no muy espabilados que se sienten atraídos por su tintineo al impactar contra el suelo).

Lo bueno es que con el traje de militar podemos acceder tanto al colegio como la embajada, pero ya sabéis que hay enemigos (en este caso soldados) que nos reconocerán por no ser uno de los suyos. Os recordamos, eso sí, que al contrario que pasaba en Hitman Absolutions, en el que todos los que llevaban un traje como el nuestro sospechaban al vernos por no recordarnos como uno de los suyos, en este nuevo Hitman solo nos pueden reconocer los que tienen un punto sobre la cabeza, pudiendo saber, de este modo, a cuáles evitar. De todas formas, ya sabéis que tenéis tiempo de reacción mientras la barra de sospecha se llena, vaciándose de golpe si salimos de su campo de visión.

Ojo, que no solo tenemos el disfraz de militar, también hay camareros, vendedores, reporteros, manifestantes y hasta un masajista. De hecho, dos de las formas más originales de ejecución son las que nos obligan a ponernos el disfraz de masajista o el de un soldado prisionero, con bolsa en la cabeza incluida. Tranquilos, 47 puede ver a través de las paredes, por lo que ver con una bolsa en la cabeza no le supone ningún problema.

No es el capítulo más original, ni el que más nos ha gustado de los tres que han salido hasta el momento a la venta, pero nos ha exigido ser algo más cuidadosos a la hora de acceder a las zonas restringidas. Eso sí, éste tampoco nos regala un momento memorable como el de la pasarela de París, tal vez lo más divertido de este tercer capítulo ha sido hacernos pasar por prisionero.

La historia sigue avanzando

Lo que más nos ha gustado es que por fin empieza a haber un hilo conductor claro que en los anteriores capítulos tan solo se insinuaba. En esta ocasión, tras acabar con los dos objetivos de Marrakech, comprobamos que todos los objetivos a los que hemos eliminado hasta ahora en los diferentes capítulos tienen una relación, hay alguien detrás de ellos, una organización, y, por su puesto, el cliente de la ICA. Por otra parte, no es nada que no hayamos visto en la saga, diferentes misiones de, aparentemente, diferentes clientes que tienen un punto en común. Pero no por ello nos interesa menos, pues ya queremos saber qué pretende exactamente esta organización, quién anda detrás de ella y qué fechorías pertrechará en los episodios restantes. Hasta ahora sabemos qué es lo que posee y qué es lo que puede perder si 47 sigue completando sus trabajitos con tanta eficacia: información.

Por lo demás, ninguna innovación jugable. De nuevo la experiencia se queda corta y te deja con ganas de más. Lo repetimos una vez más, cuesta arrancar y cuando ya les has vuelto a coger el gusto se acaba. Aunque, a favor, podéis intentar ejecutar los objetivos de diferentes formas y cumplir los retos online. Pero, aún así, nos quedamos fríos tras completarlo, necesitamos avanzar y continuar la experiencia. Y nos tememos que esta vez la espera para el siguiente episodio, ambientado en Tailandia, será más larga, si tenemos en cuenta que el juego completo en formato físico se ha retrasado hasta principios de 2017.

Resumen
Un episodio que combina un escenario repleto de gente con un acceso a los objetivos un tanto más complicado, y en el que podemos vislumbrar más claramente la historia de trasfondo, aunque todavía con muchas incógnitas que resolver.
Lo mejor
  • La cantidad de gente que pulula por el escenario y la mayor complicación que supone acercarse a los objetivos
  • El ambiente marroquí que se respira en su mercado y sus comercios, y el conflicto social de trasfondo
  • La historia empieza a dejarse ver más claramente, relacionando de alguna forma los objetivos de esta misión con los de las anteriores
Lo peor
  • Seguimos teniendo esa inevitable sensación de interrupción al terminar el episodio
  • A pesar de los contenidos adicionales o de las distintas formas de superar la misión, la misión en sí se nos queda escasa
7.8
Jugabilidad - 8.9
Gráficos - 8.1
Sonido - 8