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Killing Floor 2

Los mods cada vez tienen más importancia en el sector, hasta el punto de que algunas compañías ya empiezan a dar soporte a los mods en las versiones para consolas de sus juegos. También es habitual que algunos juegos nazcan de mods que han formado parte de un juego previamente, como es el caso de Day Z, que nació como un mod de Arma II, o el juego que nos ocupa hoy, Killing Floor. Es difícil olvidar Unreal Tournament 2004, un shooter online que nos ofreció grandes dosis de diversión en PC y que fue usado como base para desarrollar el mod conocido como Killing Floor, en el que debíamos derrotar a hordas de criaturas biológicas. Este mod fue desarrollado por Shatterline Production un año después del lanzamiento de Unreal Tournament 2004. Pero el primer juego como tal, basándose en este mod y desarrollado por Tripwire Interactive, salió en el año 2009.

Llega la secuela

Varios años después se decide lanzar una segunda parte que mantiene las mismas bases, pero con varias novedades y algunas mejoras. Esta secuela está disponible como acceso anticipado en Steam desde abril desde 2015, pero no será a partir del 18 de noviembre de este mismo año 2016 que todos podremos disfrutarlo terminado y en PS4 (la versión que vamos a analizar), además de en PC.

La acción nos traslada a un mundo infestado por criaturas biológicas que invaden el mundo, y al que un grupo de supervivientes hacen frente, ni más ni menos. Como veis, poca o ninguna importancia tiene la historia en el juego, aquí lo único que importa es eliminar a oleadas y oleadas de enemigos en diferentes niveles sin ninguna justificación o carga argumental. ¿Es que acaso que tu vida peligre no es suficiente justificación? Los únicos tintes argumentales que encontramos los tenemos en las fichas de los personajes seleccionables, algunos de los cuales son nuevos, mientras que otros repiten con su historia actualizada respecto al primer juego; y en los escenarios nuevos, que delatan que la “plaga” de monstruos se ha extendido hasta ciudades europeas de Francia o Italia.

En cuanto a la selección de personaje, nada cambia elijamos a unos u a otros (que iremos desbloqueando según vayamos jugando), aunque en esta entrega podemos personalizarlos con diferentes tipos de ropas y accesorios como sombreros, corbatas, gafas de sol… Entre los personajes encontramos una selección variopinta, no excesivamente original, pero entre los que se encuentran ciertas rarezas como un caballero medieval con armaduras cuyos nombres hacen referencia a personajes de otros productos. ¿A quién se referirán con la armadura dorada adornada con un león que se llama Jaime?

Como decimos, las diferencias jugables no las encontráis en la selección de personaje (que solo es un factor estético) sino en la selección de clase, pudiendo elegir en cada partida la clase que prefiráis entre pistoleros, personajes de apoyo, médicos, SWAT… lo típico. Cada uno se especializará en un arma (ametralladoras, escopetas, armas dobles…), pero en cada partida podéis portar las armas que deseéis (previo pago o cogiéndolas del suelo) seáis de la clase que seáis, influyendo esto simplemente en vuestra arma inicial.

¡Todos a combatir!

La mecánica del juego es sencilla, una vez que hayáis elegido a vuestro personaje en el menú inicial solo tenéis que elegir un mapa entre los 12 disponibles (cuya elección se someterá a votación en caso de jugar online), estando los 12 disponibles desde el principio. Estos mapas son, por lo general, bastante grandes, aunque algo sosos y poco originales en su diseño. Tenemos un laboratorio, una mansión, una casa rural, París, unas instalaciones en una zona nevada, unas catacumbas, entre otros, que al final no aportan nada realmente diferenciador ni en lo que a monstruos o jefes finales se refiere.

Y es que, aunque los monstruos son variados, pecan de repetirse los mismos en absolutamente todos los niveles. Tenemos infectados “normales”, con una cuchilla, reptadores, invisibles, gordos que vomitan ácido, grandotes con lanzamisiles, sirens que emiten molestos chillidos que hacen daño y los más peligrosos, unos enormes que embisten equipados con unos potentes puños rodeados de pinchos. El juego consiste en derrotar a hordas de estos monstruos, pudiendo personalizar la partida para que sean cuatro oleadas, siete o hasta diez y elegir la dificultad, que va de Normal a Infernal, pasando por Difícil y Suicida. Cuando derrotáis a todas las oleadas, cada vez con un mayor número de enemigos en cada oleada, aparece un jefe final, habiendo tan solo un total de dos jefes finales que se repiten constantemente al final de cada uno de los doce niveles. Por un lado tenemos al doctor Volter, con potentes venenos, peligroso también en las distancias cortas y capaz de protegerse cada cierto tiempo con un escudo de energía, por el otro tenemos al Patriarca, una mole equipada con un vulcan y un lanzamisiles, capaz de hacernos mucho daño también de cerca con sus ataques cuerpo a cuerpo y de curarse la salud unas tres veces en total.

Batallas interminables

Disparar incasablemente a los enemigos que aparecen, haciendo pausas entre ronda y ronda para ir a la cápsula que funciona como tienda y que solo se abre en los intermedios (hay varias en un nivel, pero solo se abre una a la que somos guiados mediante flechas), resulta altamente satisfactorio, consiguiendo que descarguemos adrenalina. Pero llega a un punto que matar siempre a los mismos enemigos con el único objetivo de sobrevivir y subir de nivel se hace muy pesado y repetitivo. Máxime cuando, como decimos, la cosa no cambia según el escenario que elijamos y los jefes finales que nos esperan siempre son los mismos.

Por suerte, el hecho de poder subir nivel y adquirir habilidades cada cinco niveles le da un plus al juego. Según con qué clase jugamos subimos el nivel de esa clase, que nos otorga habilidades únicas que se activan de forma automática (como más velocidad de cambio de arma y de movimiento), pudiendo elegir qué habilidad queremos activa antes de cada partida. Existen un máximo de 25 niveles para subir a nuestro personaje que contrastan con los cinco niveles que existían tan solo en el primer juego.

Siempre mejor con amigos

No hace falta que os digamos que el juego se disfruta muchísimo más si jugamos en compañía de más gente en su modo online. Podemos hacerlo en solitario, pero además de ser más complicado hacer frente en soledad a las huestes de criaturas, es más aburrido. Lo suyo es que juguemos en compañía de otras personas, a las que podemos dar dinero (que ganamos al ir matando criaturas, como la experiencia), munición, pedir ayuda de diferente tipo (como que nos den ellos dinero o munición) o curar. Aunque podemos curarnos a nosotros mismos (sin necesidad de ser médicos), la jeringuilla tarda en recargarse unos minutos hasta que podamos volver a usarla, así que puede venirnos bien que un compi nos cure si vamos mal de salud y él tiene una carga activa de la jeringuilla.

También podemos sellar puertas, por cierto, pero le hemos visto poca utilidad más allá de darnos algo de tiempo y de sentirnos como la Comunidad del Anillo en las Minas de Moria. Eso sí, que la acción se ralentice a cada jugada de un compañero al cargarse a varios o a uno con estilo puede resultar molesto.

Si os cansáis de jugar en colaboración, también podéis competir en el nuevo modo online VS, que al contrario que en el primer juego no pone frente a frente a los jugadores controlando los diferentes personajes y sus armas, sino que unos jugadores controlan a los humanos y otros a las criaturas. Si nos toca en el bando de las criaturas la mayoría son controladas por la IA, mientras nosotros controlamos a un tipo aleatorio de éstas, pudiendo usar diferentes botones para atacar de una u otra forma, lanzarnos al enemigo, embestirlo, vomitarle ácido… todo depende de la criatura que nos haya tocado controlar.

Si nos matan reapareceremos controlando a otra criatura hasta que todas las de esa oleada sean derrotadas, teniendo que esperar a la siguiente para reaparecer (una espera que para los monstruos se puede hacer tediosa). Si el bando humano supera todas las rondas establecidas el jugador en el bando de los monstruos pasa a controlar al jefe final, siendo bastante fácil hacer frente a los jugadores humanos con él. Y es que, aunque controlar a los monstruos no suele ser muy preciso ni satisfactorio (algo que suele pasar en este tipo de juegos), controlar al jefe final con todo ese arsenal es mucho más fácil.

Así es Killing Floor 2

Visualmente es discreto y soso, con problemas importantes de popping. Lo mejor es ver cómo los escenarios se llenan gradualmente de sangre según vamos matando a los monstruos enemigos. En el apartado sonoro encontramos pistas de música rock de grupos conocidos como zYnthetic y un buen doblaje al castellano con comentarios de los personajes sobre lo que hacen (como dar dinero), lo que ven (como munición) o sobre el escenario en general.

Todo ello hace que Killing Floor 2 sea muy divertido en partidas cortas, pero que termine cansando debido a la reiteración de sus enfrentamientos.

Resumen
Perfecto para pasar una tarde con los amigos en la que soltar la adrenalina acumulada, pero repetitivo hasta la saciedad. O jugáis en sesiones bastante espaciadas u os acabará cansando pronto.
Lo mejor
  • La adrenalina que soltamos acribillando a los enemigos con las múltiples armas disponibles
  • El modo VS, sin ser nada excesivamente original, supone un soplo de aire fresco para la mecánica repetitiva (aunque solo si te toca jugar de monstruo)
  • El apartado sonoro, que les gustará a los amantes del rock. Cuenta, además, con un buen doblaje al español
Lo peor
  • Lo repetitivo que resulta a nada que juegas unas horas y lo poco que innova respecto a su antecesor
  • Los niveles, aunque grandes, son sosos, y los monstruos se repiten en todos ellos. Solo nos enfrentamos a dos jefes finales a lo largo del juego
  • No destaca en lo gráfico, bien podría ser un juego de pasada generación
6.6
Jugabilidad - 6.4
Gráficos - 6.2
Sonido - 8