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Trolls vs. Vikings

No hay que ser un genio para determinar que hay muchos parecidos entre Trolls vs. Vikings y la reconocida saga Plantas contra Zombis. Incluso el nombre de su desarrolladora, Megapop, tiene cierto parecido con el de los creadores del juego de las plantas y los zombis, PopCap Games. En cualquier caso, nunca nos hemos cerrado a experiencias que sean parecidas a otras siempre y cuando nos aporten varios factores, como algo nuevo y una buena dosis de diversión. En el caso de Trolls vs. Vikings, por desgracia, los resultados no son tan positivos como podríamos haber imaginado.

JUGABILIDAD

La filosofía jugable del juego de PopCap Games se sigue en su mayor parte durante toda la partida. Lo cierto es que no es algo negativo, pues viene a ser un sistema de juego, y como tal, se debe imitar como se han imitado otras mecánicas a lo largo del tiempo. El problema con las imitaciones es que requieren carácter personal para poder sostenerse. En el caso de Trolls vs. Vikings lo tiene en ciertos aspectos que han sido incorporados para la ocasión, pero que resultan insuficientes en una buena parte de la partida debido a que faltan otras características que deberían estar presentes.

Parece como si en el equipo de desarrollo haya intentado, de alguna manera, disimular la clara influencia que ha realizado Plantas contra Zombis en su producción. Se desplaza la barra que nos marca el progreso del nivel a la parte inferior de la pantalla, cuando ya estamos acostumbrados a tenerla en la zona superior, donde se colocan normalmente esos elementos de la interfaz en otro tipo de juegos. Se ha eliminado el botón de acelerar la acción, algo que debería ser básico, pues muchos de los niveles de Trolls vs. Vikings terminan resultando soporíferos debido a la velocidad con la que avanzan las unidades. Y se ha ajustado mal el equilibrio del juego.

Trolls vs. Vikings tiene cosas muy buenas. Por ejemplo, que de base se nos presente con montones de niveles de los que disfrutar gratis. En ese sentido levantamos el pulgar y le damos un fuerte aprobado. Y también destacan ideas frescas como el funcionamiento de algunas unidades. Uno de los trolls iniciales, el fuerte que recuerda a un héroe de acción del cine, se coloca en una posición del tablero, pero nosotros le podemos desplazar a donde queramos. Es una unidad comodín y podemos tener todas las que queramos, con todo lo que eso significa. Es cierto que el manejo de esta unidad puede resultar un auténtico caos en niveles plagados de enemigos y que la detección de colisiones puede no ser la ideal en algunos momentos debido a la posición en la que debe estar cada unidad, pero al menos es una idea muy interesante.

Las unidades juegan con la esencia de Trolls vs. Vikings y aportan su propio toque en algunos momentos. Tenemos las que atacan a distancia, las que mejoran las más básicas con doble potencia, las que se convierten en muros defensivos o las que necesitan un tiempo de recuperación después de ataque y ataque. El juego nos va introduciendo en tutoriales para que las conozcamos en la medida de lo posible siempre y cuando nos encontremos con una unidad trascendental. También contamos con la unidad base que se encarga de conseguir los materiales que nos permiten crear más unidades. En este caso un minero que, lamentablemente, aumenta en coste de fabricación cada vez que volvemos a colocar una unidad de ese mismo tipo sobre el tablero.

Durante la partida el objetivo es claro y fundamental: no dejar que los enemigos lleguen al final de la pantalla situado en el lado izquierdo. No hay cortadoras de césped, así que no hay segundas oportunidades si os cuela algún oponente. La única solución en esos casos es utilizar una de las técnicas mágicas que tenemos a nuestra disposición. Estas las podemos adquirir usando el oro que hayamos acumulado durante la partida y nos ofrecen una buena oportunidad para despejar zonas de la pantalla con fuego o piedras que caen del cielo.

Por desgracia, y aunque Trolls vs. Vikings entretiene aún con sus defectos, tiene factores que deberían ser solucionados para que el juego sea capaz de subsistir en un sector tan duro como el de los móviles. Las microtransacciones están demasiado a la orden del día. No decimos que no tengan que existir microtransacciones, porque hasta Plantas contra Zombis 2 las tiene, pero sí que se tienen que ofrecer al usuario de una manera más elegante (mostrarnos los trolls de pago en el menú de selección antes de empezar el nivel no tiene mucho glamour que digamos). Estas microtransacciones se nos requieren para comprar oro y también a fin de adquirir nuevos trolls con los que aumentar nuestro ejército. Las ofertas son constantes, pero los precios resultan abusivos. Y el oro, aunque digamos que podemos obtenerlo jugando de forma gratuita, no abunda.

Si queremos acabar todos los niveles en su versión normal y en difícil, algo que será necesario en cierto modo para desbloquear nuevas zonas (dado que se nos piden determinada cantidad de estrelllas y estas se obtienen al acabar los niveles), terminaremos necesitando comprar usos de los poderes. Porque el nivel de dificultad alto es simplemente extremo, una auténtica locura que se descontrola y en la cual vamos a tener que ser auténticos genios si queremos completar las pantallas sin ayuda.

GRÁFICOS

No hay duda de que gráficamente Trolls vs. Vikings tiene su propio estilo y una gran personalidad. Se ha optado por dar el protagonismo a los trolls y hacer que los humanos, en este caso los vikingos, sean los malos de la historia. Las distintas unidades con las que nos encontramos, tanto desde un bando como desde el otro, son originales y cuentan con animaciones que cumplen. Algunas son más llamativas que otras, es obvio, pero la valoración general es buena. Si algo le podríamos achacar es el aspecto con el que se quedan las unidades cuando están debilitadas, que les da una imagen un poco macabra. Aunque por su parte, es positivo que se nos muestre cuándo una unidad está cerca de desaparecer, por si queremos usar una magia de vida para curarla.

En cuanto a los escenarios, ofrecen la habitual variedad en este tipo de juegos y mucho color de por medio. No están nada mal llevados y hay que reconocer que es agradable jugar pantalla tras pantalla. Otro aspecto positivo lo encontramos en los efectos visuales, dado que no se suelen concentrar tantos en pantalla en otros juegos de similar jugabilidad. Y la interfaz es de fácil manejo, siguiendo las bases establecidas en este tipo de títulos para móviles.

MÚSICA & SONIDO

El apartado sonoro se firma con una banda sonora que encaja bien en cuanto a lo que nos encontramos en términos jugables. Hay una buena combinación de instrumentos y sonidos de batalla que acompañan de una manera adecuada mientras enfrentamos a los trolls contra los vikingos. Lo mismo se puede decir de los efectos, implementados cara a acompañar cada acción, como un ataque, con su propio sonido para que resulte identificable.

CONCLUSIÓN

Trolls vs. Vikings es un juego que tiene buenas ideas y que no debería agachar la cabeza por ser demasiado parecido a Plantas contra Zombis. Tenemos que entender que eso no tiene porqué ser algo negativo si lo que se nos ofrece es una experiencia lo suficientemente sólida, divertida y acabada de una manera positiva. El problema con Trolls vs. Vikings es que se nota que al juego le falta perspectiva y que la fase de planificación no ha sido muy realista ni consecuente con los intereses de los usuarios.

Las microtransacciones están mal planteadas y a la dificultad más elevada le ocurre lo mismo. Que tengas que verte obligado a pagar oro virtual del juego para desbloquear la siguiente zona por no poder acabar con éxito los niveles en su segunda vuelta cuando la primera vez no sudaste para completarlos, no tiene sentido. En cualquier caso, os decimos lo de siempre: el juego es gratis y está disponible para su descarga en la App Store (de momento sin textos en castellano), podéis probadlo y sacar vuestras propias conclusiones.