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Yakuza Zero Chikai no Basho

La saga Yakuza se ha tomado la nueva generación con calma, proporcionando a los usuarios experiencias complementarias que de momento van a impedir que la historia central avance. El primer título que llegó a PlayStation 4 fue Yakuza Ishin!, un spin-off que se desarrollaba en la época de los samurais. Y Yakuza Zero Chikai no Basho, la segunda entrega, que llegará a Japón el 12 de marzo, se tratará de un spin-off de la historia de Kazuma Kiryu y compañía, ambientada en los años 80, cuando el protagonistaba todavía estaba empezando en el oscuro mundo que le rodea.

Tras probar la demo de Yakuza Zero Chikai no Basho podemos decir que, por el ritmo que lleva la historia y el fiel estilo que mantiene la jugabilidad, nosotros estamos encantados. Una precuela puede arrojar mucha luz sobre varios de los misterios todavía no resueltos del pasado del protagonista y de los personajes que le rodean, que no son precisamente pocos. En especial, esta precuela concentrará su interés en Kazuma y en Goro Majima, el eterno rival del protagonista que ya le ha dicho en más de una ocasión que será él y nadie más quien acabe con su vida (aunque nunca lo consigue por mucho intentarlo). La historia nos permite ver cómo era la vida de ambos personajes antes de los acontecimientos del primer Yakuza que llevaron a que se sucedieran importantes consecuencias.

Acción puramente Yakuza

Sega mantiene lo que mejor se le da a la saga Yakuza y nos permite introducirnos de nuevo en el sistema de combate de siempre. Nada que objetar con la facilidad de uso que tenemos para romper cráneos, dar patadas contundentes y empotrar a los enemigos contra todo tipo de objetos. Volvemos a tener técnicas salvajes que activamos con la energía de furia llena y es posible tanto agarrar elementos del decorado como usar a los enemigos para golpearlos contra ellos. Sigue siendo un sistema de combate que reconforta y que no resulta nada complicado. Es más, incluso deseamos que algunos maleantes nos paren por la calle para poder darles unos cuantos puñetazos y quedarnos el dinero que se les caiga de los bolsillos.

La historia comienza con un encargo de Kazuma que se complica y no tardamos en ver que intentan colgarle el muerto al protagonista por un crimen que no ha cometido. Esto le llevará a tener que investigar por el Kamurocho de los años 80 para demostrar su inocencia y ver quién le ha tendido la trampa.

Este no es el Japón que conoces

Nuestro recorrido por el barrio se llevará a cabo de forma pintoresca. Lo podemos llamar turismo a través del tiempo. La sensación es similar a la que proporcionó Yakuza Ishin! al introducirnos en la época de los samurais, pero en este caso viajando a la década de los años 80. Es curioso ver cómo el equipo de desarrollo se ha esforzado para que exista una notable diferencia entre el ambiente de aquella década y el actual visto en los Yakuza recientes. Lo apreciamos en pequeños detalles y en grandes elementos que sin duda reflejan una diferencia palpable en el Japón de la época. Un gran cambio, por ejemplo, lo vemos en la higiene del barrio, con calles llenas de basura desordenada y un nivel organizativo que está a años luz de lo que ha conseguido tener Japón en la actualidad. Las montañas de basura son comunes a lo largo de todo el tiempo que pasamos en las calles de Kamurocho. También podemos apreciar modificaciones en la cartelería, con el uso de logos de un remarcado estilo retro que nos dejan claro que estamos en los 80. Si nos acercamos a un recreativo de Club Sega, desde el exterior veremos que las máquinas que hay dentro son las más clásicas (OutRun, por ejemplo).

Otro detalle lo vemos en las máquinas vending machine, que tienen un estilo mucho más retro, cambiando incluso el aspecto de las latas que se encuentran dentro. Y lo mismo podemos decir de las tiendas u otros edificios. Cómo no, también cambia la moda. Aunque vemos a algunos avanzados a su tiempo, con prendas más propias de la actualidad, imaginamos que los japoneses iban muy por delante en ropa de lo que nosotros teníamos en nuestro país en los 80. No obstante, también vemos muchas camisetas, chaquetas y los borregos habituales inspirados en películas como Top Gun, sin olvidar chupas de cuero que tenían mucho tirón en aquel tiempo. El peinado es otro factor que también está bien representado en relación a los 80, faltando el clásico estilo pulido y elegante de la actualidad y optando por looks un poco más excéntricos.

El karaoke de Yakuza no pasa de moda

No importa si estamos en los años 80, los 90 o si hemos saltado a la actualidad, el karaoke se sigue practicando en Japón de forma constante. Cambia el tipo de local, pero las actuaciones no las vamos a perder de vista. Las de Yakuza Zero Chikai no Basho son más parecidas en cuanto a ambiente a las de Yakuza Ishin!, pero la diversión es igualmente elevada. En la demo hemos podido jugar varias canciones con Kazuma al micrófono y otras, con cantante femenina, en las que él solo intentaba mantener el ritmo (de forma un poco desastrosa, el pobre). También tiene una canción donde se echa la melena a la espalda al puro estilo Héroes del Silencio. Todo muy digno de ver.

Los minijuegos de la demo nos han permitido visitar otros muchos lugares donde hemos visto el potencial del título en un aspecto que ya resulta imprescindible. Hemos bateado, hemos jugado al mahjong, al shogi y al billar. También hemos tenido la oportunidad de competir a los dardos y de poner a prueba nuestra habilidad con los bolos. La implementación de los minijuegos está tan conseguida que podrían ser incluso juegos independientes en muchos de los casos (el de bolos, por ejemplo, tiene más consistencia que juegos dedicados a ello lanzados por otras empresas).

Nos hemos quedado con ganas de interactuar con las chicas, pero en la versión final es algo que podremos hacer a espuertas. Solo hay que caminar por Kamurocho para ver que en los 80 los temas relacionados con la prostitución eran mucho más flexibles y que había más locales de forma localizable. Esto es algo que todavía ocurre (de forma disimulada) en el Japón actual, pero no hay duda de que en los 80 las chicas que te paraban en la calle para atraerte con sus servicios eran mucho menos disimuladas.