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Sacred 3 – Primeras Impresiones

Una auténtica metamorfosis es lo que está viviendo la saga Sacred gracias al cambio de manos que ha sufrido en los últimos años. Una evolución que va a permitir que la marca se mantenga activa y que siga despertando los aplausos de los usuarios. El primer Sacred se lanzó en el año 2004 de la mano de Ascaron y fue la ocasión ideal en la que descubrir Ancaria, el continente donde se desarrolla la acción. Tuvo distintos packs de expansión y desembocó en una precuela que se lanzó bajo el título de Sacred 2 Fallen Angel en 2008. Un año más tarde Ascaron cayó en desgracia y terminó declarándose insolvente, lo que llevó a la venta de sus creaciones. La marca Sacred fue adquirida por Deep Silver, que ya tenía planes para ella.

Lo primero que hizo fue lanzar Sacred Citadel, un juego de acción puramente 2D en formato digital que tuvimos la ocasión de analizar y que nos gustó. Este juego serviría como introducción de Sacred 3, la auténtica secuela que ya hemos podido probar y que se acerca con mucha fuerza hacia el territorio de los videojuegos. Este nuevo Sacred no se pondrá a la venta únicamente en PC, sino que estará disponible también en las consolas PlayStation 3 y Xbox 360.

Hablamos de transformación

Las entregas originales de Sacred estaban un poco más dirigidas hacia el terreno del RPG puro y duro, lo que en cierta manera impidió que la saga pudiera brillar en su totalidad, dado que tenía fuertes rivales a los que medirse. Los combates eran muy rítmicos y no daban libertad para crear refriegas emocionantes en las que batirnos en duelo de forma impactante. El punto de vista también abogaba hacia lo épico y dejaba una acción más desenfrenada y loca de lado. Para Deep Silver este concepto era algo que tenía que cambiar en Sacred 3. Los encargados de implementar las novedades han sido los desarrolladores de la empresa Keen Games, que anteriormente han creado títulos como Legend of Kay, Secret Files Tunguska o Mr. Nutz Hoppin’ Mad.

El primer contacto con el juego nos deja muy claro que los tiempos han cambiado para Sacred 3. El juego se parece mucho más a Diablo 3 que a su predecesor y es justamente ese ritmo de acción, el del superventas de Blizzard, el que quería alcanzar el equipo de Deep Silver. Lo han logrado mediante la introducción de un ritmo de partida mucho más dinámico, flexible y espectacular. Los combates son constantes y tenemos la opción de compartir partida hasta con un máximo de tres compañeros para crear grupos de cuatro personas. Es en esos momentos cuando la diversión alcanza sus puntos álgidos, sobre todo cuando los jugadores que nos acompañan son usuarios reales y no computadoras para rellenar huecos.

Héroes de distintas clases

Es importante entender lo multijugador que es Sacred 3 para que apreciemos la relevancia de que existan distintas clases con habilidades y movimientos diferenciados. Habrá momentos en los que la cooperación de distintos tipos de clase nos venga como anillo al dedo para poder progresar contra determinados enemigos. Buscar estrategias que nos puedan beneficiar en la lucha será parte de la gracia de Sacred 3 en las situaciones en las que no todo consista en aporrear los botones del mando sin ningún tipo de compasión.

En el primer Sacred encontramos seis clases: gladiador, elfo oscuro, elfo del bosque, vampiresa, mago de batalla y serafín. La secuela/precuela mantuvo al serafín y añadió cinco clases más: guerrero sombra, alto elfo, dryad, guardián del templo, inquisidor y mago dragón. Posteriormente Sacred Citadel simplificó la fórmula a: guerrero safiri, ranger ancarian, chamán khukuri y maga serafín. Dado que este último juego digital servía de introducción a Sacred 3, era de esperar que las clases, en cierta manera, se mantuvieran, aunque con algunos cambios. Tenemos de nuevo al safiri, ancarian, khukuri y serafín, pero en distintos roles. Como añadido nos encontramos con la quinta clase: malakim.

Como decíamos, seleccionar una u otra clase influirá de una manera activa en las habilidades y movimientos que tendremos a nuestra disposición. Cada personaje se diferencia de los demás de una manera notable para que seamos capaces de encontrar al que más encaje en nuestra manera de jugar. El khukuri es un arquero que domina el hielo, mientras que la ancarian utiliza la lanza para combatir en un cuerpo a cuerpo de resultados contundentes. Estas habilidades y movimientos van creciendo a medida que subimos de nivel, dado que en este sentido se ha querido mantener la filosofía RPG que caracterizó a los episodios clásicos de la franquicia.

Las batallas en las que nos introducimos no son interminables, pero nos producen un gran nivel de diversión. El camino es mayoritariamente lineal, alejándose de la experiencia más abierta que tenía el primer título para asemejarse más a un hack’n slash de corte mucho más clásico. La diversión es inmediata gracias a esto y la aparición de criaturas enormes a las que enfrentarnos y otros jefes complicados ayuda mucho a que la dinámica no termine resultando repetitiva. El ritmo de juego es muy importante y por ello el equipo desarrollador ha preferido que la gestión del personaje y de sus características quede relegada al momento en el cual terminamos los niveles. Esto evita que nos encontremos con esos interminables minutos en los que los jugadores están gestionando su inventario, como ocurrió recientemente en el propio Diablo 3 de consolas.

Sacred 3 apunta alto

Nuestra primera experiencia con Sacred 3, en su versión de PC y con solo la posibilidad de usar el mando de Xbox 360, ha sido gratamente positiva. Nos encontramos con un juego que no tiene ningún tipo de miedo en evolucionar para tratar de llegar a un público más amplio, dejando atrás los estigmas que le han acompañado en el pasado. Gráficamente todavía no hemos tenido opciones de personalización, pero hay que reconocer que de base la combinación de efectos de iluminación, con diseño de personajes y escenarios es más que positiva. Lo mismo ocurre con el sonido, que cumple en cuanto a las exigencias del género por medio de un estilo muy épico, con voces en inglés y textos en nuestro idioma.