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Historia de cómo dejé de jugar a Hearthstone Heroes of Warcraft

Son muchos los testimonios que he tenido ocasión de escuchar de voz de otros jugadores acerca de su experiencia con Hearthstone Heroes of Warcraft. Testimonios que normalmente no acaban bien y que resultan incluso trágicos. ¿Cómo puede ser que un juego de cartas haya llegado tan lejos al nivel de afectar a los jugadores de esa manera? Blizzard sabe crear títulos de gran adicción con un poder que causa un nivel de atracción enorme y en el caso de Hearthstone las consecuencias pueden llegar a extremos inimaginables.

En mi caso, mi historia no es tan trágica, pero sí un poco decepcionante. Porque lo que fue una temporada de adicto absoluto a Hearthstone Heroes of Warcraft se ha convertido en un simple recuerdo de un pasado (reciente) acerca de tantas y tantas horas invertidas con el juego de Blizzard. Puedo decir alto y claro que he dejado de jugar a Hearthstone y que no tengo un especial interés en volver a engancharme. No es una adicción como para acudir a un grupo de ayuda. Es más, después de pasar unas semanas tras dejar de jugar, decidí volver a entrar una noche y lo que me encontré no fue la tentación de recaer, sino la confirmación de los motivos que me habían llevado a dejarlo.

Comencé jugando a Hearthstone por curiosidad, por el afán de la colección de cartas y el desafío de un tipo de juego que siempre me ha gustado. Una vez me hice con mi personaje preferido (la maga Jaina Valiente) exploré sus posibilidades y decidí trabajar duro para hacerme la baraja que pensaba me permitiría obtener victorias de forma segura. Horas y horas, días y semanas más tarde obtuve mi meta. Cerré tan bien la baraja que ya no había sitio ni para añadir, ni para quitar. Y a partir de ese momento empecé a poner a prueba lo que pensaba que era una baraja desafiante.

Lo que me encontré fue lo siguiente: una descompensación absoluta en el matchmaking, principalmente motivado por el reinicio mensual de las ligas. Lo que me ocurría era simple: conseguía victorias absolutamente aplastantes o derrotas vergonzosas. No había punto medio. O me ponían fino de una forma escandalosa o se lo hacía yo al rival y llegaba un punto en el que daba absoluta pena el seguir jugando contra determinados oponentes. ¿El resultado de esto? Darme cuenta de que perdiendo horas de sueño como estaba haciendo para seguir jugando no tenía ningún tipo de interés. Ni el modo Arena, que nunca me ha gustado, ni los combates clasificatorios con ranking, ni el incentivo de comprar sobres me aportaban nada.

Así que decidí que era hora de dejarlo y de pasar a otra cosa. No me arrepiento en absoluto. Se me queda la espinita clavada de no haber pasado más tiempo con el modo campaña que apareció hace un tiempo y de no estar dispuesto a probar sus siguientes aventuras monojugador, porque prefiero desinstalar el juego desde raíz. Pero siempre me quedará el recuerdo de horas y horas invertidas. No sé exactamente si es bueno o malo pensar en el tiempo “gastado” con Hearthstone, pero lo que está claro es que con este tipo de experiencias se aprende de sobras para no volver a caer en el mismo error. Ahora el tiempo que antes dedicaba a Hearthstone lo invierto en disfrutar de juegos de principio y final, de producciones que reconfortan un poco más, que producen más satisfacción y que no te mandan a la cama enfadado por haber perdido una partida de cartas.

Para quien tenga curiosidad por la baraja que utilizaba, la voy a listar a continuación. Es una baraja propia (seguramente con muchos errores que detectarán los expertos) y no pretendo absolutamente nada compartiéndola más allá de satisfacer la curiosidad de algún lector que quiera saberlo. El universo Hearthstone de crear barajas, ponerlas a prueba, tener a todos los héroes preparados y personalizados, no es algo que me haya atraído nunca, aunque respeto a quienes se dedican a ello en cuerpo y alma.

  • Misiles arcanos
  • Reflejo exacto x 2
  • Descarga de escarcha
  • Aprendiza de hechicera
  • Malabarista de cuchillos
  • Barrera de hielo x 2
  • Bloque de hielo
  • Intelecto Arcano x 2
  • Nova de Escarcha x 2
  • Reflejo viviente
  • Líder de banda
  • Mago de Dalaran
  • Cono de frío
  • Eco de Medivh
  • Polimorfia x 2
  • Arcanista etéreo
  • Maestra de secta
  • Profesora violeta
  • Hoja de la noche
  • Sanabot antiguo
  • Ventisca
  • Fogonazo x 2
  • Archimago Antonidas
  • Campeón de Ventormenta

La estrategia era muy de aguante inicialmente, manteniendo a raya al oponente con hechizos hasta poder tener mana suficiente con el cual poner en marcha algunas de las estrategias (aunque significara dejar la vida a alrededor la mitad). La combinación ideal implicaba tener en el campo de batalla a Profesora violeta, Malabarista de cuchillos y Líder de banda o Campeón de Ventormenta, hasta sacar a Archimago Antonidas, protegerle y en el turno en el que el tablero estuviera lleno, lanzar Eco de Medivh para duplicar las cartas. A partir de ahí, con los hechizos de fuego o el lanzamiento al tablero de unidades de coste 0 obtenidas por la duplicación, la partida estaba prácticamente asegurada. Esta combinación la podía reducir en cuanto a potencia en base a las cartas que obtuviera, pero funcionaba de una manera u otra en la mayor parte de los casos.

En definitiva: adiós Hearthstone (al menos hasta que vuelvan a regalar una montura de World of Warcraft por jugar).