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Mis recuerdos de Dragon Ball

Parece mentira. Hace unos meses escribía una despedida a Naruto agradeciéndole que formase parte de mi adolescencia y post-adolescencia aportándome tantas cosas. Hoy escribo esto para darle la bienvenida de nuevo a Dragon Ball, esa manganime que en realidad nunca se fue del todo, pero que ahora parece retornar con más fuerza que nunca. Durante la despedida de Naruto no hice más que mencionar a Dragon Ball, ya que son dos mangas que se conectaban en muchos aspectos. Hoy vuelvo a ponerme un poco abuelo cebolleta a recordar mi experiencia personal con este manga que tanto me alegro en mi infancia y pre-adolescencia y que todavía hoy sigue apasionándome.

Con Naruto pude deciros con casi milimétrica exactitud cuándo y cómo fue mi primer contacto con él, con Dragon Ball me temo que no va a poder ser así, pues no era más que un enano cuando comencé a verla. Tres años tenía cuando terminó la publicación de su manga, siendo tan solo un año después cuando yo (y muchos otros niños españoles) conoceríamos la serie de Akira Toriyama.

Una vez más no pretendo dar datos sobre el manganime, ni escribir curiosidades sobre su concepción, su historia, sus personajes… esto es una crónica sobre cómo Dragon Ball me influyó, qué significó para mí y cómo todavía hoy consigue llegarme a la patata.

Y aunque mi plan no es dar demasiados datos, es inevitable recordar que Akira Toriyama comenzó a publicar el manga en 1984, cuando muchos de nosotros todavía no habíamos nacido y ni el propio Toriyama sabía lo que tenía en las manos. En este momento los manga no gozaban de tan buena salud como en nuestros días, y muchos menos en España. Pero Dragon Ball supuso todo un hito en nuestro país, pues a finales de los 80 comenzaría un boom que desencadenaría en otras series y en una evolución impresionante en nuestras tierras.

Antiguamente, las televisiones privadas daban mucha más cobertura al anime. Canales como La 2, Antena 3 y Telecinco emitían series míticas como Reena y Gaudi, Detective Conan, Oliver y Benji, o Caballeros del Zodiaco, siendo Dragon Ball la que más éxito cosechó.

¿Y qué tenía Dragon Ball para gustar tanto? Es complicado explicarlo, pues era un producto muy japonés, más que otras series niponas que se emitían aquí, de hecho no hace falta decir que los primeros capítulos de Dragon Ball eran una parodia a la leyenda japonesa del Rey Mono. Pero el mundo fue evolucionando, el protagonista con él y la trama madurando (dentro de unos límites). La búsqueda de las bolas de dragón pasó a un segundo plano dejando más espacio a los combates. Técnicas imposibles, personajes pintorescos, situaciones de todo tipo… conseguía atrapar como pocas, y a mí, desde luego, me atrapó.

Tenía cuatro años cuando mi hermano me habló de la serie que emitían en Antena 3 y que tanto le estaba gustando. Él tenía doce años y ya comenzó madrugando para no perderse un capítulo arrastrándome a mí con él. Le pedía que me despertará para ir juntos a la tele de la salita y disfrutar con Goku y compañía. La poníamos bajita para no despertar a mis padres y ¡a disfrutar del festival de combates! Si bien no tengo un recuerdo exacto de qué es lo primero que vi de Dragon Ball, sí tengo un recuerdo muy vago de estar en esa salita viendo a Zarbon luchando con Vegeta, por lo que la saga de Freezer es posiblemente el primer arco que vi de la serie.

Recuerdo que mi hermano comenzó a comprar los álbumes de cromos (tuvo por lo menos tres), tazos, cartas, figuras… Mi hermano era el auténtico fan de la saga y yo un pupilo al que le faltaba mucha información y que no sabía situar cada momento de la historia ni a los personajes. Cuando tenía cinco años (en 1998) todavía Dragon Ball estaba de moda (estaban publicando una nueva serie de cómics en España) y yo tenía un recuerdo muy bueno del anime, aunque eran solo recuerdos sueltos que quería ir completando. Por eso flipé la primera vez que vi un cómic de la serie. Recuerdo que fue todavía con cinco años y que fue de la serie amarilla, de los delgados que valían 195 pesetas. De hecho, recuerdo que el primero que compré fue el número 68, en el que Goku era derrotado por Piccolo Daimao. De aquella recuerdo ver a Pilaf como un malo muy malo ¡y hasta algo peligroso! Pobre niño iluso… Piccolo, todavía viejo, me imponía, y más me impuso cuando vi cómo pudo derrotar a Goku fácilmente.

Eran cómics cortos que dejaban con muchas ganas de más, por lo que me conformaba leyéndolo una y otra vez y pintándolo. Uno de los recuerdos que tengo de este primer cómic que compré de Dragon Ball fue estar leyéndolo de vacaciones en un apartamento de Peñíscola con un viento muy molesto, como si Goku estuviese cargando Ki no muy lejos. Solté un momento el cómic y se me voló sin poder hacer nada para evitarlo. El grito que pegué mientras contemplaba cómo se alejaba fue tal, que asustó a mi madre creyendo que me había pasado algo… ¡claro que me había pasado! Mi primer cómic de Dragon Ball se marchó volando como Goku sobre la nube Kinton.

Por suerte el cómic cayó dentro de una especie de patio. Llamamos a varias puertas del piso de abajo que estaban en contacto con ese patio, pero nadie abría. Gracias a Kami Sama encontramos una puerta que daba a ese patio donde se encontraba mi preciado cómic. Lo recogí corriendo y no me volví a separar de él.

En esas mismas vacaciones un camarero muy simpático me vio el cómic y me dijo que a él le encantaba también Dragon Ball y que tenía todos los cómics. Me adelantó que eran cuatrocientos números. Yo me quedé ojiplático, sería imposible hacerse con todos (no, no tenía el espíritu de Ash). ¡Era imposible hacer tal colección! Yo solo tenía uno y no era ni el primero ¿cómo lo conseguiría?

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